La llegada de las competencias a la educación mexicana, representó, no solo la aplicación de un modelo, sino una reforma profunda a la educación, defendida por muchos y descalificada por otros, los argumentos de unos y aquellos, solo apuntan a defender la postura política del sector que representan. No hay en el discurso de nadie el elemento real que hable de la educación y su importancia para el desarrollo nacional.
Cualquier explicación vale, sin embargo, la educación formal como tal tiene métodos y reglas, expectativas y funciones especificas en las que los padres no pueden involucrarse. Educación formal es eso, una responsabilidad del estado para la cual debe preparar todo un sistema y todo un ejercito docente, administrativo y de gestión que permita alcanzar objetivos y lograr metas, simple.
El sistema educativo mexicano perdió,su relación con la filosofía y con las ciencias humanas, el sistema educativo deja de lado esta parte porque considera que no es útil a la formación profesional de los educandos. Considera que la relación educación-mercado está por encima que la relación educación-persona.
Por eso hay quienes ven la educación y sus resultados y aseguran que perdimos algo, sienten que hay una parte del ser que no se encuentra firmada como parte de la educación.
Podemos hablar de un proceso de fractura entre la ciencia y el humanismo en la educación mexicana, que no solo involucra la universidad, sino al sistema educativo en su totalidad y esta fractura está dando malos resultados para la sociedad y para el desarrollo.
Cuando la educación se transforma no solo lo hace en torno a simples objetivos a lograr, lo hace en función de un modelo político ideológico que concibe de una manera específica a la sociedad y al mercado. Esa visión es la que explora la parte humanista y filosófica de la educación, hecho que no se ha suscitado en México, que se ha dejado de lado y en su lugar se ha explorado como profundizar la reforma educativa y como acallar a aquellos que se encuentran en contra de esta. La cuestión es que nos acercamos rápidamente al primero de Julio en las elecciones federales de 2018 y una vez que terminemos de contar los votos y determinemos quien será el presidente de México, sabremos también el destino de la reforma educativa y la evaluación docente.
Lo duro de ese momento, si es que se da, será el hecho de que no pudimos explorar de manera más acuciante el papel que jugaba la educación en el desarrollo nacional, pero sobre todo en el desarrollo local.
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